sábado, 5 de marzo de 2016

CUANDO EL DUEÑO DEL SUPERMERCADO QUIERE ALGO MAS QUE TU DINERO


        El análisis de datos personales se ha convertido en una fuente de información cada vez más importante. Así nace la figura del analista de datos.
   Su misión es recopilar todos los perfiles de compra de los clientes, cruzarlos con sus datos personales y extraer conclusiones. En una ocasión un analista extrajo varias listas de compra correspondientes a una misma tarjeta de crédito y así pudo asegurar que se trataba de una mujer y que estaba embarazada de pocos meses.
   Lo concluyó por el tipo de productos adquiridos y los cambios progresivos en las compras efectuados en las últimas semanas. Los directivos llamaron a la persona en cuestión, quien tras la sorpresa inicial, aseguró que en efecto lo estaba, pero que se acababa de enterar hacía muy pocos días. En cambio, la última compra la había realizado dos semanas antes. Pole había predicho el embarazo antes que la barrita de Predictor. O mejor dicho, había sido el big data. 

   Ahora, en 2016, la cooperativa de distribución Consum ha llegado a un acuerdo con IBM para utilizar todo su paquete de herramientas de análisis de datos. También El Corte Inglés se está gastando cientos de millones en "adaptar" sus almacenes para poder responder según los resultados que arrojen sus propios programas de análisis de los datos de sus cientos de miles de clientes.

   Sergi de Pablos, cofundador y director del supermercado digital Ulabox, augura "un gran futuro" al big data aplicado a las compras en grandes superficies, ya que el conocimiento profundo del consumidor permitirá concebir técnicas de marketing más eficaces.


Un chivato llamado tarjeta de fidelización


      Pero, ¿cómo conocer de tus usuarios algo más que la lista de la compra si no repites la experiencia de Tesco o eres un 'súper' en línea? Con las tarjetas de fidelización. En 2014, The Guardian publicó un artículo en el que revelaba cómo estas tarjetas habían pasado de ser un mero instrumento para mantener la fidelidad del cliente al comercio, a convertirse en el más valioso instrumento de recopilación de datos personales.

   Concluye De Pablos que "en las tarjetas de fidelización no se hace el mismo descuento a todo el mundo". Destaca que en función del interés que tenga el comercio, dará mayores o menores ventajas a un determinado cliente.
   En España El Corte Inglés, con sus casi once millones de tarjetas de fidelización circulantes, tiene una mina de oro y lo sabe. El pasado otoño lanzó una línea de créditos exprés para quienes poseen una de estas tarjetas, de modo que al cerrarse la relación entre la cadena y el cliente el flujo de datos se hace mayor y, por tanto, mejora su espectro de análisis. No solo quieren nuestro dinero, también ansían nuestros datos.

   Este ingeniero informático describe la situación ideal para los supermercados: "que los carritos tuvieran insertado un chip que nos permitiera conocer el recorrido que hace el comprador; dónde se para más rato, por dónde pasa de largo, que zonas le son preferentes, a qué velocidad va en cada zona, etc." Sin duda un contexto que suena inquietante desde el punto de vista de la privacidad y del uso de las personas para experimentación psicológica sin su permiso, como si el fantasma del Gran Hermano vagara entre los lineales.

Fuente: El Diario.es